sábado, 23 de agosto de 2014

¿Amenaza el virus del Ébola la aldea global?


         La fiebre hemorrágica del Ébola, habitualmente conocida como enfermedad del virus del Ébola (EVE), es un proceso infecto-contagioso muy grave que afecta tanto a seres humanos como a otros mamíferos. Su nombre proviene del río Ébola, un afluente del Mongala y por tanto del río Congo.
         Se considera que los murciélagos frugívoros son los huéspedes habituales del virus y, consecuentemente, sus transmisores para el contagio. Abunda en ello la tesis de que en aquellos lugares en los que estos quirópteros son comunes, la prevalencia de la enfermedad de Ébola es significativamente mayor. 
         El virus se transmite por contacto directo con los fluidos corporales infectados, en especial a través de la sangre, la orina, los vómitos, la saliva, el semen, el sudor, tanto de humanos, vivos o fallecidos, como de animales igualmente muertos o vivos. Los modos de enterramiento de ciertas tribus africanas en las que los deudos entran en contacto íntimo con el cadáver pudiera ser, como ya se ha sugerido, una de las principales fuentes de contagio.
Al atardecer millones de murciélagos salen de sus cuevas.
         En la primera gran epidemia africana de 1976 murió el 92% de los sujetos infectados por lo que se llegó a considerar a la enfermedad del virus del Ébola como una de las más mortíferas jamás conocidas. El primer caso de la entonces llamada fiebre hemorrágica de origen desconocido, tuvo lugar el 26 de agosto de 1976 en Yambuku, una ciudad del norte del Congo (antiguo Zaire) por donde discurre el río Ébola. Se trataba de un maestro de enseñanza básica, de 44 años de edad, quien tras regresar de un viaje por el norte del Zaire presentó fiebre elevada y mal estado general por lo que fue diagnosticado como un grave caso de malaria siendo tratado ineficazmente con quinina. El estado de salud del profesor, de nombre Lokela, lejos de mejorar fue agravándose día a día. Al cabo de una semana aparecieron vómitos incontrolables, primero alimenticios y más tarde hemorrágicos, cefalea intensa, diarrea con abundante rectorragia, hematomas generalizados, epistaxis, gran astenia general, calambres musculares, dolores articulares, confusión mental y, al final, fracaso cardiorespiratorio, renal, hepático y muerte. Falleció, tras horribles sufrimientos, el 8 de septiembre de 1976, apenas dos semanas después de haber manifestado los primeros síntomas de lo que fue equívocamente considerado como una fiebre cuartana.
Imagen del virus del Ébola tomada con microscopio electrónico

¿Cuál es el presente y qué futuro nos espera frente al EVE?
         En este 2014 que vivimos, ha brotado la más grande epidemia de enfermedad del Ébola de la historia siendo los países más afectados hasta ahora, Sierra Leona, Liberia, Nigeria y Guinea-Conakry que fue por donde se inició y se expandió la enfermedad.
         El 8 de agosto de este mismo año, la OMS ha considerado a la epidemia como una emergencia pública sanitaria a escala internacional recomendando medidas excepcionales para detener su expansión mundial tratando de prevenir una pandemia de proporciones imprevisibles y gravísimas. Este organismo sanitario internacional solicitaba a los países mayoritariamente afectados que declarasen la epidemia como una grave emergencia nacional, haciendo al mismo tiempo una llamada a la solidaridad internacional para la prevención, el control, la ayuda y la búsqueda de recursos médicos necesarios para frenar la imparable progresión del proceso que bien pudiera terminar con la vida de millones de seres humanos en todo el planeta. Hasta el momento se han contabilizado más de mil fallecidos por una epidemia que amenaza con expandirse ampliamente al no disponer de recursos preventivos ni curativos.
         Ante la agresividad del virus y la ausencia de vacuna y de un tratamiento específico y eficaz, la enfermedad ha sido clasificada en el nivel 4 de riesgo en su transmisión natural y en su elevada  mortandad. Esto ha hecho que el virus sea además catalogado por el Centro Para el Control y Prevención de Enfermedades como un agente para el bioterrorismo, dada su altísima peligrosidad como arma en la guerra biológica. Por sus características de eficacia en producir una rápida letalidad y por su fácil contagio sus consecuencias serían más mortíferas que cualquier arma convencional, incluidas las atómicas.
        
¿Hay curación para EVE?

                  El virus del Ébola, como muchos otros virus, no sólo no tiene cura sino que no existe ningún tratamiento específico que amortigüe sus efectos y mejore las expectativas de vida de quien lo sufre. En la actualidad sólo existe un tratamiento de mantenimiento y soporte a base de terapias generales que minimizan alguno de sus síntomas, con rehidratación parenteral, antitérmicos, analgésicos, antieméticos y antidiarreicos, soporte cardiopulmonar y de medicina intensiva, haciendo especial énfasis en el aislamiento del paciente y en la protección de los profesionales de la salud, cuidando al extremo el contacto directo con el paciente, sus secreciones y fluidos corporales, dada la alta contagiosidad.        
         En el Congreso Internacional de Botánica de 1998 se anunció que un extracto de la Garcinia Kola, un árbol del África occidental utilizado por curanderos locales en la curación de otras enfermedades, detenía el crecimiento del virus en pruebas de laboratorio. A pesar de ello y a fecha de hoy, aún no se han realizado pruebas con animales o seres humanos. Nadie se explica por qué no se ha seguido con esta estimulante línea de investigación médica cuyos resultados iniciales in vitro han dado resultados esperanzadores. Varios centros científicos en EEUU, Canadá y algunos países europeos investigan la rápida fabricación de una vacuna eficaz así como alternativas terapéuticas que frenen el progreso de la enfermedad y su grave sintomatología.
         La OMS hace un seguimiento continuo de la epidemia y su rápida expansión facilitando documentos orientativos para su prevención. Al no existir una vacuna para animales o seres humanos se recomienda evitar el contagio mediante una higiene máxima, extremando al mismo tiempo las medidas cautelares en el flujo transfronterizo de sujetos provenientes de zonas de alto riesgo así como la movilización entre granjas de animales sospechosos o su venta en mercados.
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