miércoles, 21 de enero de 2015

La china (fragmento)

...Hace frío cuando los dos hombres abandonan el bar. Conforme la noche se desvanece, el día se va acristalando en el color de la tristeza. El hombre uno piensa que será una jornada tan cargada de malos presagios como las cinco mil últimas que guarda en su memoria. Son pensamientos suyos que por lealtad hacia sí mismo no desea compartir con el hombre dos. Es posesivo de lo que cree que le pertenece. Es casi lo único que le va quedando. Eso, y la memoria. Se despiden sin ninguna efusión. El hombre uno toma la acera por la derecha y el hombre dos por la izquierda. A los pocos pasos son conscientes de que han errado el camino. Dan media vuelta y, con precisión matemática para no volver a perderse, cada uno toma la senda acertada; el hombre uno hacia la izquierda y el hombre dos a la derecha. Los ritmos de las zancadas son idénticos, como si llevasen ensayado el paso desde hace mucho tiempo, como si ambos hubieran hecho el servicio militar en el mismo regimiento. Cuando se cruzan no se ven y, por tanto, no se saludan. Cada uno va envuelto en sus propias cavilaciones. Antes de llegar a su calle el hombre dos se apoya en la barandilla del puente y se entretiene viendo el paso incesante de los primeros trenes de cercanías, mientras apura su último cigarrillo de la noche...

"La china" es una historia breve incluida en el libro de relatos: "Desde el diván de Frois")
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